Han requisado los melindrosos,
Mis ojos feos, sin luz y ateos
Sus dedos-bisturí hasta los huesos
Se llevaron las lagrimas, todo
Por piedad me quitaron los ojos
Mutilado, lloraba en un cuenco
pedazos de un rosario en silencio
Monedas a la hondura de un pozo
Sin lagrimas y sin ojos lloro
Y ellos partieron mi noble pecho.
Con uñas, gasas, yodo, instrumentos
Quitaron aquel núbil estorbo
Sin embargo, ante todo pronostico
Sigo llorando, y ellos, muy buenos
parten y trozan, el triste cuerpo
y me reprenden: tan necio y tonto

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